El pasado 2 de abril de 2025, el gobierno de Donald Trump implementó una drástica subida en los aranceles de las importaciones a Estados Unidos, llevando el gravamen promedio más allá del 20%, un nivel sin precedentes desde la Gran Depresión. La medida, impulsada mediante decreto presidencial, establece un arancel universal mínimo del 10% para todas las importaciones, mientras que ciertos países enfrentan tasas adicionales específicas en función del déficit comercial de EE. UU. con cada uno de ellos.
Entre las tasas específicas destacan: un arancel del 20% para países de la Unión Europea, 24% para Japón, 25% para Corea del Sur, y 26% para India. En el caso de Vietnam y China, los gravámenes se elevan significativamente, alcanzando un 46% y un 54%, respectivamente. También se aplicaron tasas del 36% para Tailandia, 32% para Indonesia y Taiwán, 31% para Suiza, y del 50% para Lesoto, cuya mención causó controversia tras comentarios despectivos por parte del mandatario. Por otro lado, Brasil y el Reino Unido mantienen la tasa mínima del 10%.
Los aranceles sobre el acero, aluminio, automóviles y componentes, que ya estaban en un 25%, no experimentaron incrementos adicionales. Sin embargo, el decreto incluye la posibilidad de futuros impuestos sobre productos farmacéuticos, microprocesadores, madera y cobre. En contraste, no se establecieron nuevos aranceles relacionados con los productos agrícolas.
El impacto económico de la medida podría ser considerable. Según estimaciones, el tipo arancelario efectivo de EE. UU. se situará entre el 24% y el 27%, un nivel únicamente comparable al registrado en 1909. Además, con las importaciones representando actualmente el 14% del PIB del país —tres veces la proporción registrada en 1930— analistas como Ryan Sweet, de Oxford Economics, y Mark Zandi, de Moody's, anticipan un aumento de la inflación y advierten que las probabilidades de una recesión en el próximo año han aumentado significativamente.
Desde el sector empresarial, algunas organizaciones han destacado las posibles implicaciones negativas de estas políticas. La Asociación Nacional de Fabricantes advirtió sobre el impacto que los altos costos derivados de los aranceles podrían tener en la inversión empresarial y en el empleo. Por su parte, el exvicepresidente Mike Pence calificó la medida como "el mayor aumento de impuestos en tiempos de paz" en la historia de EE. UU., destacando que esta política podría incrementar los costos anuales de las familias en más de 3,500 dólares.
El presidente Trump justificó la implementación del decreto bajo el argumento de una "emergencia nacional" relacionada con el déficit comercial, afirmando que Estados Unidos ha sido "saqueado" y necesita proteger su economía. Sin embargo, la decisión de adoptar un proteccionismo tan agresivo ha generado preocupaciones sobre sus efectos en la economía global, las cadenas de suministro internacionales y las relaciones comerciales del país.
Los aranceles en EE. UU. no alcanzaban niveles similares desde la Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930, la cual es ampliamente recordada como una de las causas que empeoraron la Gran Depresión.