Mundo

El papel oculto de EE. UU. en la guerra en Ucrania: una alianza estratégica y operativa

Una investigación del New York Times, basada en más de 300 entrevistas realizadas por Adam Entous, revela la profundidad del involucramiento de Estados Unidos en la guerra entre Ucrania y Rusia. Este reporte detalla el nivel de cooperación en inteligencia, estrategia y tecnología que ha permitido a Ucrania resistir tres largos años de conflicto.

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El papel oculto de EE. UU. en la guerra en Ucrania: una alianza estratégica y operativa

Una investigación del New York Times, basada en más de 300 entrevistas realizadas por Adam Entous, revela la profundidad del involucramiento de Estados Unidos en la guerra entre Ucrania y Rusia. Este reporte detalla el nivel de cooperación en inteligencia, estrategia y tecnología que ha permitido a Ucrania resistir tres largos años de conflicto.

“Ahora forman parte de la cadena de la muerte”

– Afirmó un alto jefe de inteligencia europeo al describir la implicación de la OTAN en las operaciones ucranianas.

1/4/2025

Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, la cooperación militar y estratégica entre Ucrania y Estados Unidos ha evolucionado hasta un nivel sin precedentes, convirtiéndose en un factor crucial en el curso de la guerra. Según un informe del New York Times elaborado por Adam Entous, quien realizó más de 300 entrevistas con funcionarios y militares de diversos países, Estados Unidos desempeñó un papel central en la planificación y ejecución de operaciones militares.

En abril de 2022, una delegación de generales ucranianos, encabezada por el teniente general Mykhaylo Zabrodskyi, viajó en secreto a la base militar Clay Kaserne en Wiesbaden, Alemania, centro del Comando Europeo de Estados Unidos, para sentar las bases de una alianza estratégica. Este acuerdo incluyó el suministro de armamento avanzado como los obuses M777 y sistemas HIMARS, un total que ascendió a 66.500 millones de dólares en apoyo militar, según cifras del Pentágono.

El informe detalla cómo las fuerzas estadounidenses y ucranianas trabajaron juntas en planificaciones tácticas, utilizando inteligencia avanzada para identificar y destruir objetivos clave rusos. Por ejemplo, en una campaña contra el 58.º Ejército de Armas Combinadas de Rusia, los ucranianos emplearon información proporcionada por la denominada "Fuerza de Tareas Dragón" para lanzar ataques precisos, lo que resultó en la eliminación de altos mandos rusos.

Los sistemas HIMARS demostraron ser uno de los elementos más determinantes, causando más de 100 bajas rusas por ataque cuando entraron en operación. A lo largo del primer año, las fuerzas ucranianas, apoyadas por datos de inteligencia estadounidense, lograron recuperar más del 50 % del territorio ocupado después de la invasión inicial. Sin embargo, las tensiones en la alianza aumentaron cuando los ucranianos, en búsqueda de una victoria decisiva, se mostraron insatisfechos ante la cautela estadounidense en proveer ciertos armamentos, como los misiles ATACMS.

A nivel estratégico, el curso cambió de la defensiva a la contraofensiva. Las discusiones internas entre los comandantes ucranianos y sus aliados estadounidenses revelaron desacuerdos significativos, especialmente en 2023, cuando las decisiones de Kiev priorizaron objetivos como Bajmut, desviando recursos de la línea principal hacia Melitópol.

En varias ocasiones, las tensiones llevaron a acciones unilaterales de los ucranianos, como la incursión en suelo ruso en 2024, que violó los términos previamente acordados sobre el uso de armas suministradas por la coalición. Esa acción mostró un aumento en la autonomía táctica ucraniana, aunque también generó malestar entre los aliados.

Con elementos claves como la Operación Granizo Lunar, dirigida a desmantelar activos rusos en Crimea, y el fortalecimiento de líneas defensivas para 2024, la cooperación entre los países ha enfrentado desafíos y ajustes, pero sigue siendo la columna vertebral operativa en la guerra contra Rusia. Cifras del informe destacan que más de 700.000 soldados rusos han sido muertos o heridos, según estimaciones estadounidenses, mientras que Ucrania reporta 435.000 bajas propias.

El contexto político en Estados Unidos introduce una nueva incertidumbre sobre el futuro de esta alianza, ya que la administración Trump ha comenzado a reducir el apoyo comprometido bajo la presidencia de Biden. Esto podría impactar significativamente en la capacidad de resistencia de Ucrania y en el equilibrio estratégico con Rusia.

Al final, esta investigación arroja luz sobre cómo una asociación de inteligencia y estrategia entre ambos países redefinió la estructura del conflicto y las capacidades militares en Ucrania, mientras plantea interrogantes sobre sostenibilidad y alineamientos en las políticas externas frente a desafíos geopolíticos globales.

Algo Curioso

“Ahora forman parte de la cadena de la muerte”

– Afirmó un alto jefe de inteligencia europeo al describir la implicación de la OTAN en las operaciones ucranianas.

Apr 1, 2025
Colglobal News

Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, la cooperación militar y estratégica entre Ucrania y Estados Unidos ha evolucionado hasta un nivel sin precedentes, convirtiéndose en un factor crucial en el curso de la guerra. Según un informe del New York Times elaborado por Adam Entous, quien realizó más de 300 entrevistas con funcionarios y militares de diversos países, Estados Unidos desempeñó un papel central en la planificación y ejecución de operaciones militares.

En abril de 2022, una delegación de generales ucranianos, encabezada por el teniente general Mykhaylo Zabrodskyi, viajó en secreto a la base militar Clay Kaserne en Wiesbaden, Alemania, centro del Comando Europeo de Estados Unidos, para sentar las bases de una alianza estratégica. Este acuerdo incluyó el suministro de armamento avanzado como los obuses M777 y sistemas HIMARS, un total que ascendió a 66.500 millones de dólares en apoyo militar, según cifras del Pentágono.

El informe detalla cómo las fuerzas estadounidenses y ucranianas trabajaron juntas en planificaciones tácticas, utilizando inteligencia avanzada para identificar y destruir objetivos clave rusos. Por ejemplo, en una campaña contra el 58.º Ejército de Armas Combinadas de Rusia, los ucranianos emplearon información proporcionada por la denominada "Fuerza de Tareas Dragón" para lanzar ataques precisos, lo que resultó en la eliminación de altos mandos rusos.

Los sistemas HIMARS demostraron ser uno de los elementos más determinantes, causando más de 100 bajas rusas por ataque cuando entraron en operación. A lo largo del primer año, las fuerzas ucranianas, apoyadas por datos de inteligencia estadounidense, lograron recuperar más del 50 % del territorio ocupado después de la invasión inicial. Sin embargo, las tensiones en la alianza aumentaron cuando los ucranianos, en búsqueda de una victoria decisiva, se mostraron insatisfechos ante la cautela estadounidense en proveer ciertos armamentos, como los misiles ATACMS.

A nivel estratégico, el curso cambió de la defensiva a la contraofensiva. Las discusiones internas entre los comandantes ucranianos y sus aliados estadounidenses revelaron desacuerdos significativos, especialmente en 2023, cuando las decisiones de Kiev priorizaron objetivos como Bajmut, desviando recursos de la línea principal hacia Melitópol.

En varias ocasiones, las tensiones llevaron a acciones unilaterales de los ucranianos, como la incursión en suelo ruso en 2024, que violó los términos previamente acordados sobre el uso de armas suministradas por la coalición. Esa acción mostró un aumento en la autonomía táctica ucraniana, aunque también generó malestar entre los aliados.

Con elementos claves como la Operación Granizo Lunar, dirigida a desmantelar activos rusos en Crimea, y el fortalecimiento de líneas defensivas para 2024, la cooperación entre los países ha enfrentado desafíos y ajustes, pero sigue siendo la columna vertebral operativa en la guerra contra Rusia. Cifras del informe destacan que más de 700.000 soldados rusos han sido muertos o heridos, según estimaciones estadounidenses, mientras que Ucrania reporta 435.000 bajas propias.

El contexto político en Estados Unidos introduce una nueva incertidumbre sobre el futuro de esta alianza, ya que la administración Trump ha comenzado a reducir el apoyo comprometido bajo la presidencia de Biden. Esto podría impactar significativamente en la capacidad de resistencia de Ucrania y en el equilibrio estratégico con Rusia.

Al final, esta investigación arroja luz sobre cómo una asociación de inteligencia y estrategia entre ambos países redefinió la estructura del conflicto y las capacidades militares en Ucrania, mientras plantea interrogantes sobre sostenibilidad y alineamientos en las políticas externas frente a desafíos geopolíticos globales.

Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, la cooperación militar y estratégica entre Ucrania y Estados Unidos ha evolucionado hasta un nivel sin precedentes, convirtiéndose en un factor crucial en el curso de la guerra. Según un informe del New York Times elaborado por Adam Entous, quien realizó más de 300 entrevistas con funcionarios y militares de diversos países, Estados Unidos desempeñó un papel central en la planificación y ejecución de operaciones militares.

En abril de 2022, una delegación de generales ucranianos, encabezada por el teniente general Mykhaylo Zabrodskyi, viajó en secreto a la base militar Clay Kaserne en Wiesbaden, Alemania, centro del Comando Europeo de Estados Unidos, para sentar las bases de una alianza estratégica. Este acuerdo incluyó el suministro de armamento avanzado como los obuses M777 y sistemas HIMARS, un total que ascendió a 66.500 millones de dólares en apoyo militar, según cifras del Pentágono.

El informe detalla cómo las fuerzas estadounidenses y ucranianas trabajaron juntas en planificaciones tácticas, utilizando inteligencia avanzada para identificar y destruir objetivos clave rusos. Por ejemplo, en una campaña contra el 58.º Ejército de Armas Combinadas de Rusia, los ucranianos emplearon información proporcionada por la denominada "Fuerza de Tareas Dragón" para lanzar ataques precisos, lo que resultó en la eliminación de altos mandos rusos.

Los sistemas HIMARS demostraron ser uno de los elementos más determinantes, causando más de 100 bajas rusas por ataque cuando entraron en operación. A lo largo del primer año, las fuerzas ucranianas, apoyadas por datos de inteligencia estadounidense, lograron recuperar más del 50 % del territorio ocupado después de la invasión inicial. Sin embargo, las tensiones en la alianza aumentaron cuando los ucranianos, en búsqueda de una victoria decisiva, se mostraron insatisfechos ante la cautela estadounidense en proveer ciertos armamentos, como los misiles ATACMS.

A nivel estratégico, el curso cambió de la defensiva a la contraofensiva. Las discusiones internas entre los comandantes ucranianos y sus aliados estadounidenses revelaron desacuerdos significativos, especialmente en 2023, cuando las decisiones de Kiev priorizaron objetivos como Bajmut, desviando recursos de la línea principal hacia Melitópol.

En varias ocasiones, las tensiones llevaron a acciones unilaterales de los ucranianos, como la incursión en suelo ruso en 2024, que violó los términos previamente acordados sobre el uso de armas suministradas por la coalición. Esa acción mostró un aumento en la autonomía táctica ucraniana, aunque también generó malestar entre los aliados.

Con elementos claves como la Operación Granizo Lunar, dirigida a desmantelar activos rusos en Crimea, y el fortalecimiento de líneas defensivas para 2024, la cooperación entre los países ha enfrentado desafíos y ajustes, pero sigue siendo la columna vertebral operativa en la guerra contra Rusia. Cifras del informe destacan que más de 700.000 soldados rusos han sido muertos o heridos, según estimaciones estadounidenses, mientras que Ucrania reporta 435.000 bajas propias.

El contexto político en Estados Unidos introduce una nueva incertidumbre sobre el futuro de esta alianza, ya que la administración Trump ha comenzado a reducir el apoyo comprometido bajo la presidencia de Biden. Esto podría impactar significativamente en la capacidad de resistencia de Ucrania y en el equilibrio estratégico con Rusia.

Al final, esta investigación arroja luz sobre cómo una asociación de inteligencia y estrategia entre ambos países redefinió la estructura del conflicto y las capacidades militares en Ucrania, mientras plantea interrogantes sobre sostenibilidad y alineamientos en las políticas externas frente a desafíos geopolíticos globales.

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