Mundo

Trump afirma que las emisiones de los automóviles no afectan el medioambiente mientras impulsa su reducción de estándares

El presidente Donald Trump ha anunciado su intención de revertir las regulaciones de emisiones vehiculares vigentes, asegurando que tales controles no afectan al medio ambiente. Sin embargo, advierten científicos y expertos que esta decisión podría exacerbar el cambio climático y provocar serios problemas de salud pública.

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Trump afirma que las emisiones de los automóviles no afectan el medioambiente mientras impulsa su reducción de estándares

El presidente Donald Trump ha anunciado su intención de revertir las regulaciones de emisiones vehiculares vigentes, asegurando que tales controles no afectan al medio ambiente. Sin embargo, advierten científicos y expertos que esta decisión podría exacerbar el cambio climático y provocar serios problemas de salud pública.

“Perdemos vidas todos los días debido a las emisiones de los vehículos”

– Afirmó Brenda Ekwurzel, investigadora climática de la Unión de Científicos Preocupados.

2/4/2025

En un movimiento que ha generado ampliamente discusiones en torno al impacto ambiental y la salud pública, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció su plan de revertir las regulaciones más estrictas sobre emisiones vehiculares impulsadas durante la administración de Joe Biden. Durante el anuncio hecho el lunes desde el Despacho Oval, Trump afirmó que flexibilizar los límites a la contaminación de los tubos de escape "no significará ninguna diferencia para el medio ambiente", comentario que ha generado desacuerdos con científicos y expertos.

Desde hace décadas, investigaciones han evidenciado que las emisiones vehiculares contribuyen de manera significativa al cambio climático. El sector transporte es responsable de aproximadamente un tercio de los gases de efecto invernadero emitidos en los Estados Unidos, según muestran estudios. Estos gases no solo impulsan el calentamiento global, sino que también están relacionados con fenómenos meteorológicos extremos e intensos, como olas de calor mortales, sequías, inundaciones y tormentas.

Además de dióxido de carbono, los automóviles y camiones emiten óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y partículas nocivas que afectan directamente la salud humana. Según expertos como George D. Thurston, profesor de medicina ambiental en NYU Langone Health, respirar partículas finas procedentes del tráfico vehicular puede causar inflamación sistémica, aumentando el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y afecciones como el asma.

La actual normativa impulsada por Joe Biden establece que los fabricantes de automóviles deben alcanzar un promedio de 65 millas por galón de combustible en sus modelos para 2031, buscando impulsar la venta de vehículos eléctricos y reducir en el largo plazo 7,200 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono. Esta regulación también busca evitar 8,700 toneladas de partículas, 36,000 toneladas de óxidos de nitrógeno y 150,000 toneladas de compuestos orgánicos volátiles, con beneficios para la salud estimados en 99 mil millones de dólares anuales. Entre los beneficios se contempla la reducción de muertes prematuras y una disminución significativa en las hospitalizaciones por problemas cardiovasculares y respiratorios.

Sin embargo, Trump ha argumentado que revertir estas normas facilitaría la fabricación de automóviles, aludiendo a los estándares de ahorro de combustible establecidos durante su administración en 2020, que exigían 40 millas por galón. A pesar de esta postura, científicos como Brenda Ekwurzel insisten en que esta flexibilización tendría un impacto directo en el aumento de la contaminación, llevando incluso a la pérdida de vidas humanas diariamente.

La historia de las regulaciones vehiculares en Estados Unidos refleja avances como la prohibición de la gasolina con plomo en 1996, lo que eliminó gran parte de las neurotoxinas que amenazaban la salud pública. Sin embargo, el debate continúa sobre el camino que tomará el país en la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero y la promoción de tecnologías más limpias como los vehículos eléctricos.

Actualmente, reducir estas emisiones no solo tiene beneficios ambientales, sino también económicos. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), aunque la normativa de Biden implica costos anuales para la industria automotriz de aproximadamente 40 mil millones de dólares, esas inversiones se traducen en una mejora notable en la calidad del aire. Para los expertos, considerar estas implicaciones a largo plazo es esencial, especialmente cuando las decisiones políticas chocan con décadas de evidencia científica.

Algo Curioso

“Perdemos vidas todos los días debido a las emisiones de los vehículos”

– Afirmó Brenda Ekwurzel, investigadora climática de la Unión de Científicos Preocupados.

Apr 2, 2025
Colglobal News

En un movimiento que ha generado ampliamente discusiones en torno al impacto ambiental y la salud pública, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció su plan de revertir las regulaciones más estrictas sobre emisiones vehiculares impulsadas durante la administración de Joe Biden. Durante el anuncio hecho el lunes desde el Despacho Oval, Trump afirmó que flexibilizar los límites a la contaminación de los tubos de escape "no significará ninguna diferencia para el medio ambiente", comentario que ha generado desacuerdos con científicos y expertos.

Desde hace décadas, investigaciones han evidenciado que las emisiones vehiculares contribuyen de manera significativa al cambio climático. El sector transporte es responsable de aproximadamente un tercio de los gases de efecto invernadero emitidos en los Estados Unidos, según muestran estudios. Estos gases no solo impulsan el calentamiento global, sino que también están relacionados con fenómenos meteorológicos extremos e intensos, como olas de calor mortales, sequías, inundaciones y tormentas.

Además de dióxido de carbono, los automóviles y camiones emiten óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y partículas nocivas que afectan directamente la salud humana. Según expertos como George D. Thurston, profesor de medicina ambiental en NYU Langone Health, respirar partículas finas procedentes del tráfico vehicular puede causar inflamación sistémica, aumentando el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y afecciones como el asma.

La actual normativa impulsada por Joe Biden establece que los fabricantes de automóviles deben alcanzar un promedio de 65 millas por galón de combustible en sus modelos para 2031, buscando impulsar la venta de vehículos eléctricos y reducir en el largo plazo 7,200 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono. Esta regulación también busca evitar 8,700 toneladas de partículas, 36,000 toneladas de óxidos de nitrógeno y 150,000 toneladas de compuestos orgánicos volátiles, con beneficios para la salud estimados en 99 mil millones de dólares anuales. Entre los beneficios se contempla la reducción de muertes prematuras y una disminución significativa en las hospitalizaciones por problemas cardiovasculares y respiratorios.

Sin embargo, Trump ha argumentado que revertir estas normas facilitaría la fabricación de automóviles, aludiendo a los estándares de ahorro de combustible establecidos durante su administración en 2020, que exigían 40 millas por galón. A pesar de esta postura, científicos como Brenda Ekwurzel insisten en que esta flexibilización tendría un impacto directo en el aumento de la contaminación, llevando incluso a la pérdida de vidas humanas diariamente.

La historia de las regulaciones vehiculares en Estados Unidos refleja avances como la prohibición de la gasolina con plomo en 1996, lo que eliminó gran parte de las neurotoxinas que amenazaban la salud pública. Sin embargo, el debate continúa sobre el camino que tomará el país en la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero y la promoción de tecnologías más limpias como los vehículos eléctricos.

Actualmente, reducir estas emisiones no solo tiene beneficios ambientales, sino también económicos. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), aunque la normativa de Biden implica costos anuales para la industria automotriz de aproximadamente 40 mil millones de dólares, esas inversiones se traducen en una mejora notable en la calidad del aire. Para los expertos, considerar estas implicaciones a largo plazo es esencial, especialmente cuando las decisiones políticas chocan con décadas de evidencia científica.

En un movimiento que ha generado ampliamente discusiones en torno al impacto ambiental y la salud pública, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció su plan de revertir las regulaciones más estrictas sobre emisiones vehiculares impulsadas durante la administración de Joe Biden. Durante el anuncio hecho el lunes desde el Despacho Oval, Trump afirmó que flexibilizar los límites a la contaminación de los tubos de escape "no significará ninguna diferencia para el medio ambiente", comentario que ha generado desacuerdos con científicos y expertos.

Desde hace décadas, investigaciones han evidenciado que las emisiones vehiculares contribuyen de manera significativa al cambio climático. El sector transporte es responsable de aproximadamente un tercio de los gases de efecto invernadero emitidos en los Estados Unidos, según muestran estudios. Estos gases no solo impulsan el calentamiento global, sino que también están relacionados con fenómenos meteorológicos extremos e intensos, como olas de calor mortales, sequías, inundaciones y tormentas.

Además de dióxido de carbono, los automóviles y camiones emiten óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y partículas nocivas que afectan directamente la salud humana. Según expertos como George D. Thurston, profesor de medicina ambiental en NYU Langone Health, respirar partículas finas procedentes del tráfico vehicular puede causar inflamación sistémica, aumentando el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y afecciones como el asma.

La actual normativa impulsada por Joe Biden establece que los fabricantes de automóviles deben alcanzar un promedio de 65 millas por galón de combustible en sus modelos para 2031, buscando impulsar la venta de vehículos eléctricos y reducir en el largo plazo 7,200 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono. Esta regulación también busca evitar 8,700 toneladas de partículas, 36,000 toneladas de óxidos de nitrógeno y 150,000 toneladas de compuestos orgánicos volátiles, con beneficios para la salud estimados en 99 mil millones de dólares anuales. Entre los beneficios se contempla la reducción de muertes prematuras y una disminución significativa en las hospitalizaciones por problemas cardiovasculares y respiratorios.

Sin embargo, Trump ha argumentado que revertir estas normas facilitaría la fabricación de automóviles, aludiendo a los estándares de ahorro de combustible establecidos durante su administración en 2020, que exigían 40 millas por galón. A pesar de esta postura, científicos como Brenda Ekwurzel insisten en que esta flexibilización tendría un impacto directo en el aumento de la contaminación, llevando incluso a la pérdida de vidas humanas diariamente.

La historia de las regulaciones vehiculares en Estados Unidos refleja avances como la prohibición de la gasolina con plomo en 1996, lo que eliminó gran parte de las neurotoxinas que amenazaban la salud pública. Sin embargo, el debate continúa sobre el camino que tomará el país en la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero y la promoción de tecnologías más limpias como los vehículos eléctricos.

Actualmente, reducir estas emisiones no solo tiene beneficios ambientales, sino también económicos. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), aunque la normativa de Biden implica costos anuales para la industria automotriz de aproximadamente 40 mil millones de dólares, esas inversiones se traducen en una mejora notable en la calidad del aire. Para los expertos, considerar estas implicaciones a largo plazo es esencial, especialmente cuando las decisiones políticas chocan con décadas de evidencia científica.

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