El gobierno de Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, sorprendió al anunciar una nueva política comercial que incluye un arancel base del 10% sobre todas las importaciones. Esta medida, que entrará en vigor el 5 de abril de 2025, también estipula aranceles recíprocos superiores al 20% para productos provenientes de la Unión Europea, China, Japón y Taiwán a partir del 9 de abril de 2025.
Como consecuencia inmediata, los mercados financieros experimentaron caídas significativas. El índice S&P 500 retrocedió más del 3.7%, marcando su mayor caída desde 2022, mientras que el Dow Jones Industrial Average perdió aproximadamente 1,300 puntos, equivalente a una disminución del 3.1%. Por su parte, el índice Nasdaq, centrado en tecnología, cayó un 4.8%, alcanzando niveles no vistos desde los primeros días de la pandemia de COVID-19 en 2020. El índice Russell 2000, que refleja el desempeño de pequeñas empresas, se desplomó un 6.1%, acumulando una pérdida de más del 20% desde su pico en noviembre de 2024.
El impacto económico de estas medidas se extendió más allá de la bolsa de valores. La capitalización total del mercado estadounidense disminuyó cerca de 2 billones de dólares. Empresas minoristas se vieron particularmente afectadas; las acciones de Lululemon cayeron un 11%, las de Nike un 10% y las de Ralph Lauren un 16%. Además, el dólar estadounidense alcanzó su nivel más bajo en seis meses, depreciándose un 2.2% frente a monedas clave en el mercado global.
Diversos economistas y grupos empresariales han expresado sus preocupaciones sobre las implicaciones a largo plazo de estos aranceles. Aseguran que las tarifas pueden elevar los costos para los consumidores en productos ampliamente demandados, como los automóviles y el vino. La Business Roundtable, una organización que agrupa a ejecutivos de grandes compañías, solicitó a la Casa Blanca que evalúe seriamente estas decisiones, advirtiendo sobre el daño potencial que podrían experimentar tanto los fabricantes como los trabajadores en Estados Unidos.
La Federación Nacional de Minoristas se sumó a estas críticas, señalando que la incertidumbre creada por los aranceles afecta negativamente a empresas y consumidores por igual, al tiempo que dificulta la planificación para las compañías que dependen de importaciones. A este panorama se suma una encuesta reciente en la que solo el 28% de los estadounidenses consideraron que las tarifas podrían beneficiar a la economía, mientras que el 58% opinó que estas políticas tendrán efectos perjudiciales.
En medio de estas reacciones, algunos analistas han advertido sobre la posibilidad de que las tensiones comerciales resulten en una recesión, amplificando aún más los desafíos económicos derivados de la decisión presidencial. Las repercusiones de estas medidas no solo alarman a los sectores financieros y empresariales estadounidenses, sino que también generan inquietudes en la economía global, marcando el inicio de un periodo de volatilidad e incertidumbre.
El desplome del Nasdaq del 4.8% es el peor registrado desde la pandemia de COVID-19 en 2020, lo que subraya el impacto histórico que estas políticas comerciales están teniendo en los mercados globales.