En una iniciativa que ha generado críticas y confusión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comunicó el pasado 2 de abril la imposición de aranceles del 10% sobre las Islas Heard y McDonald, un territorio australiano deshabitado ubicado en el océano Índico a unos 4,100 kilómetros al suroeste de Perth. Las islas, cuya última visita humana registrada ocurrió hace casi una década, no tienen habitantes ni un comercio significativo con Estados Unidos. Sin embargo, en 2022 se reportaron importaciones procedentes de este territorio por un valor de 1.4 millones de dólares (A$2.23 millones), compuestas principalmente por maquinaria y productos eléctricos. En años previos, las importaciones estadounidenses desde esas islas variaron entre 15,000 y 325,000 dólares al año.
Las Islas Heard y McDonald, a pesar de ser deshabitadas, son hogar de una rica fauna marina, con colonias de pingüinos y focas, y su acceso solo es posible tras un viaje en barco de aproximadamente dos semanas.
Este episodio es parte de una política comercial más amplia de la administración Trump que establece un arancel base del 10% para los países que exportan al mercado estadounidense, con tarifas más altas para aquellos identificados como \"peores infractores\". Por ejemplo, Camboya enfrenta un 49%, mientras que China soporta un arancel del 54%, que incluye un 20% adicional relacionado con el fentanilo. La Unión Europea también se ve afectada con un arancel del 20%.
Junto con las Islas Heard y McDonald, otros territorios australianos como la Isla Norfolk (aproximadamente 2,188 habitantes) y las Islas Cocos (Keeling) y Navidad han sido incluidos bajo este esquema arancelario. La Isla Norfolk, que exportó bienes por valor de 655,000 dólares (A$1.04 millones) en 2023, principalmente calzado de cuero, enfrenta una tarifa significativamente más alta del 29%.
La inclusión de territorios deshabitados como las Islas Heard y McDonald en este esquema arancelario ha generado reacciones diversas. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, expresó su sorpresa y preocupación ante estas medidas, afirmando que reflejan una lógica difícil de entender: \"Ningún lugar en la Tierra está a salvo\". Las críticas no tardaron en extenderse, señalando la falta de justificación económica dada la inexistencia de un comercio activo con las islas.
El contexto político revela que esta política se enmarca en un esfuerzo por presionar a las naciones extranjeras a reducir sus propios aranceles y barreras comerciales. Durante el anuncio, Trump instó a los líderes de otros países a eliminar sus aranceles para evitar que los bienes estadounidenses estuvieran sujetos a tarifas. Sin embargo, la exclusión de países como Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte e Irán, que enfrentan sanciones comerciales, ha suscitado interrogantes sobre la efectividad y coherencia de estas acciones en términos estratégicos.
Desde una perspectiva global, estas decisiones marcan un cambio controvertido que busca remodelar las relaciones comerciales internacionales. Aunque el tema ha provocado debates sobre su lógica y viabilidad, sigue siendo parte de una política económica agresiva que la administración Trump pretende implementar para proteger y fomentar los intereses estadounidenses en el mercado mundial.