En un hallazgo que podría generar preocupaciones tanto de salud como ambientales, un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) y presentado en la reunión de primavera de la American Chemical Society (ACS), reveló que masticar chicle libera microplásticos directamente en la saliva de los consumidores.
Según los datos proporcionados por los investigadores, un gramo de chicle libera un promedio de 100 microplásticos, aunque algunos tipos de chicle llegan a liberar hasta 600 microplásticos por gramo. Dado que una pieza de chicle típica pesa entre 2 y 6 gramos, masticar una sola podría liberar hasta 3,000 microplásticos. Basándose en un consumo promedio de entre 160 y 180 chicles por persona al año, se estima que un consumidor regular estaría ingiriendo cerca de 30,000 microplásticos anualmente.
Para llevar a cabo el estudio, un voluntario masticó siete piezas de diez marcas diferentes de chicle durante cuatro minutos cada una. Las marcas incluyeron tanto chicles de base sintética como los denominados naturales. Se recolectaron muestras de saliva cada 30 segundos y se analizaron utilizando métodos avanzados para cuantificar el contenido de microplásticos. Los resultados mostraron que ambas categorías de chicle, sintético y natural, liberaban cantidades similares de partículas. Entre las sustancias identificadas se encontraban polímeros como poliolefinas, polietileno tereftalato, poliacrilamidas y poliestirenos, todos conocidos por su durabilidad y resistencia en aplicaciones industriales.
Aunque no existen pruebas concluyentes que relacionen directamente los microplásticos con efectos nocivos en la salud humana, investigaciones previas han encontrado partículas microplásticas en diversas partes del cuerpo humano, como los pulmones, la sangre y el cerebro. Adicionalmente, estos compuestos han sido vinculados con potenciales riesgos de salud como cáncer, infertilidad, enfermedades cardíacas, renales y neurodegenerativas como el Alzheimer.
Más allá del ámbito de la salud, el estudio resalta un aspecto ambiental crítico. Los desechos inadecuados de chicle, muchas veces arrojados al suelo, contribuyen significativamente a la acumulación de microplásticos que afectan ecosistemas terrestres y acuáticos. Los investigadores recomendaron prácticas de uso como masticar una sola pieza durante más tiempo para disminuir la cantidad de microplásticos liberados y reducir el impacto ambiental.
Financiado por UCLA y el programa Maximizing Access to Research Careers de la Universidad de Hawái, este estudio subraya la importancia de continuar investigando la exposición cotidiana a microplásticos y sus posibles efectos a largo plazo tanto en la salud humana como en el medio ambiente.
La mayoría de los consumidores desconoce que muchos chicles poseen una base sintética, fabricada con polímeros derivados del petróleo, similar a los materiales usados en plásticos de uso industrial como bolsas y envases.